Último tango en Sarajevo

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Último tango en Sarajevo es el título de uno de los poemas más sorprendentes del escritor bosnio Izet Sarajlic.


8 de marzo del 94.
La Sarajevo amorosa no se rinde.

Sobre la mesa la invitación
para el baile matutino en el Sloga.
¡Y, por supuesto, vamos!

Mis pantalones están un tanto deslucidos
y tu vestido no es de Via Veneto.
Pero nosotros no estamos en Roma,
nosotros estamos en guerra.

Llega también Jovan Divjak.
En las botas se ve
que acaba de llegar de la primera línea.
Cuando te dice ¿bailas? te sientes confundida.
Es la primera vez que bailas con un general.

El general no sabe el honor que te hace
y que tú le haces a él.
Ha bailado con la más celebrada señora de Sarajevo.
Pero ahora este tango… ¡Es sólo nuestro!

Nos da vueltas, cansados, la cabeza.
Amor mío, se acaba nuestra maravillosa vida.
Llora, llora, si quieres, no estamos en Via Veneto
y tal vez este sea nuestro último baile.


Habíamos leído a Sarajlic antes de nuestro viaje a Bosnia Herzegovina. Resulta sorprendente recorrer las calles de Sarajevo y rememorar una y otra vez los versos del poeta que perdió a su hermana en la guerra y a su mujer en la vida. “Todas vuelven de algún lugar. Sólo tú no vuelves”, y en Sarajevo esa sensación pesa igual que el frío.

Durante la guerra, los francotiradores disparaban contra quienes acudían a los cementerios a enterrar a sus muertos. Por eso, toda la ciudad es un cementerio clandestino. Los parques, los jardines, se llenan de lápidas blancas que recuerdan el horror. Y las víctimas, conviven con sus muertos con una cercanía que impresiona.

“No es extraño que alguien tenga a su padre, a un hijo o a un marido enterrado en el jardín de su casa”, explica Sigma, mientras pierde su vista en el río Miljacka.

Más allá del significado que supone que dos de las tres guerras más crueles del siglo XX hayan nacido en la ciudad, con apenas 100 metros de distancia, en Sarajevo el aire es más pesado por el impacto que supone su resistencia, su negación del odio.

En esos mismos 100 metros puede practicarse el culto religioso en una catedral ortodoxa, en una iglesia católica y en una mezquita, y nadie fija la mirada en el visitante como si se tratase de un espectador incómodo, salvo una excepción.

En el mercado, junto a la llama eterna, los vendedores vigilan a los pocos turistas que se atreven a lanzar una fotografía en el lugar en el que murieron decenas de personas. Pocos habrán olvidado aquellas imágenes que recorrieron el mundo. Un proyectil impactó de lleno contra una fila de personas que esperaban para comprar el pan. Aquella imagen impactó a los europeos pero no convenció a sus gobiernos. Después vino Srebrenica, un verdadero genocidio con el beneplácito de los países europeos, que no dudaron en mirar para otra parte.

El propio Sarajlic ironiza sobre la suerte de la ciudad, que recibió unos Juegos Olímpicos de invierno en 1984. En un poema titulado La suerte a la manera de Sarajevo, el poeta escribe: “En Sarajevo / en esta primavera de 1992 / todo es posible; / por ejemplo, hacer la cola / para comprar el pan / y acabar en urgencias / con una pierna amputada. // Y reconocer después / que has tenido mucha suerte”.

Durante nuestra visita a Sarajevo, después de haber podido recorrer las calles de Mostar para asimilar las huellas que el horror deja en la piel de las ciudades y sus edificios, buscamos la tumba de Sarajlic sin ninguna información previa. No fue posible. Localizar una tumba en Sarajevo, aunque se trate de la de un poeta ilustre fallecido en 2002, es una misión muy complicada.

En nuestro intento, incluso llegamos a conocer a una sobrina del poeta, Azra Polimac, con la que cenamos en un restaurante mexicano del centro de la ciudad, pero que no supo indicarnos el lugar en el que se encontraba enterrado el poeta del amor y de la guerra de los Balcanes.

Finalmente, ya de regreso a España, el poeta Lara Cantizani, que fue el primero en publicar en España a Sarajlic dentro de la colección 4 estaciones del Ayuntamiento de Lucena, algo por lo que le estaré siempre agradecido, nos indicó el lugar.

La tumba de Sarajlic se encuentra en el cementerio civil que hay camino del Estadio Olímpico, junto a sus margaritas. Allí también está enterrado Gavrilo Princip, el terrorista serbio que el 28 de junio de 1914 asesinó en el Puente Latino de Sarajevo al archiduque Francisco Fernando, lo que desató las represalias bélicas del Imperio Austrohúngaro contra Serbia que dieron inicio a la Primera Guerra Mundial.

Princip trató de suicidarse sobre el puente, antes de ser detenido, pero no lo consiguió. Se trataba de un joven que no había alcanzado la mayoría de edad, por lo que no fue condenado a muerte. Un museo recuerda el asesinato, en el que también falleció la esposa de Francisco Fernando. También una placa, en la que se señala la fecha que marcó el destino de la ciudad, una ciudad que provoca sensaciones contrapuestas, en la que se respira alegría aunque todos los indicios apunten a la tristeza.


(Junio de 2006)

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2 comentarios:

Suavecito Macoy dijo...

Muy interesante lo que escribes acerca de Sarajevo, soy mexicano interesado en la escritura, he trabajado en publicidad y en este momento estoy en Croacia en una agencia, pero pienso moverme a Sarajevo en un mes para encontrar algo de inspiración, espero podamos estar en contacto, me gustaría mucho seguirte leyendo.
memovejar@hotmail.com
Saludos

etrozic dijo...

Jovan Divjak es un hombre muy rspetado en Sarajevo y Bosnia.